| Apostar por el talento: una actitud para la innovación |
| Empresa - Creación de empresas | |||
| Escrito por José Ochoa | |||
| Jueves, 07 de Julio de 2005 16:52 | |||
|
La innovación se ha convertido en el término de referencia en el lenguaje del negocio y en el léxico de la tecnología, y no es por casualidad. El momento que vivimos ha acelerado muchos procesos, ha globalizado muchos fenómenos, ha transformado los modos de trabajo, y ha puesto en el centro del progreso la capacidad para transformar conocimiento en oportunidades, y las oportunidades en resultados.
La innovación se ha convertido en el término de referencia en el lenguaje del negocio y en el léxico de la tecnología, y no es por casualidad. El momento que vivimos ha acelerado muchos procesos, ha globalizado muchos fenómenos, ha transformado los modos de trabajo, y ha puesto en el centro del progreso la capacidad para transformar conocimiento en oportunidades, y las oportunidades en resultados. La innovación no es una moda, es una necesidad. Especialmente lo es en un país que ocupa el puesto 14 de la Unión Europea en inversión en I+D, aunque sea la quinta economía del club europeo. Esto coloca a España en la encrucijada de conformarse con una posición media en los indicadores internacionales o afrontar con decisión su futuro. La primera opción nos llevaría en realidad a un escenario desolador, por diversos motivos. En primer lugar, la empresa española ha basado buena parte de su éxito en el bajo coste de la mano de obra. Ahora el empleo es mucho más barato en otras partes del mundo y esa ventaja competitiva la hemos perdido definitivamente. En un par de años, España va a dejar de recibir las ayudas europeas que nos han ayudado a dar el gran impulso que la economía y la sociedad española han conseguido en las dos últimas décadas. Conformarse sería sinónimo de estancamiento y de fracaso colectivo. En pocos años, el tejido industrial español habrá quedado deteriorado y la capacidad de crecimiento frenada sin remedio. La segunda opción, afrontar el futuro de forma decidida, implica tomar decisiones en todos los planos: en la administración, en la empresa y en el plano personal. La administración tiene que desempeñar un papel importante facilitando y estimulando la creación de empresas. El sector financiero tiene que activar el capital riesgo que permita al emprendedor transformar sus ideas en negocios. La universidad y la empresa tienen que hallar vías imaginativas de interlocución que permitan una transferencia rápida de la investigación a la aplicación industrial en todo el entramado empresarial. Todos tenemos que asumir como nuestro el reto de innovar, empezando por la actitud individual frente a nuestro quehacer diario. La llamada “brecha digital” se produce en muchos terrenos. España es un país de pequeñas y medianas empresas que se han tecnificado de forma insuficiente. La escasa penetración de las tecnologías de información en los procesos de la pequeña empresa genera una de las brechas digitales más peligrosas para la generación y mantenimiento de puestos de trabajo y les aleja de los mercados en los que podrían estar actuando a través de procesos de negocio online. Este problema sólo se puede afrontar a través del talento y éste reside en las personas. La clave de la respuesta está, por tanto, en las personas. Si la innovación no es una actitud, no habrá resultados innovadores. Hace veinte años una persona terminaba su enseñanza superior pensando que ya había cerrado su período formativo. Se incorporaba a un puesto en la administración o a una empresa creyendo que sería para siempre. Aprendía su oficio en la creencia de que su trabajo entraría en una cómoda rutina y que afrontaría tareas previsibles o que requerirían poca variación respecto a lo conocido. Hoy el panorama de casi cualquier puesto de trabajo es radicalmente diferente. De cualquiera se espera que tenga iniciativa, porque las tareas rutinarias están automatizadas. Se nos pide que seamos capaces de reaccionar con agilidad a situaciones complejas o totalmente imprevisibles. El mercado de trabajo es hoy más dinámico y la movilidad laboral se ha generalizado. Mantenerse activo en este contexto requiere una preparación que también está en constante evolución. El aprendizaje a lo largo de toda la vida es la única postura válida ante la carrera profesional. La iniciativa empresarial es la otra pieza clave en este escenario. Las personas con actitud innovadora tienen que contar con el apoyo necesario para transformar sus ideas en negocios viables. El capital riesgo no se puede aferrar a las iniciativas que garanticen el retorno rápido de lo invertido, sino que tienen que apostar por otras más arriesgadas, pero cuyo potencial de rentabilidad puede llegar a ser enorme. La creación de empresas tiene que ser fácil y los servicios de apoyo al emprendedor accesibles y eficaces. Estos dos grandes ámbitos de intervención (educación e iniciativa), requieren medidas diferentes, pero urgentes, porque sus efectos en la innovación no se perciben de inmediato, sino que requieren tiempo de maduración. Y el futuro no espera. José Ochoa
|

