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EL
EMPRESARIO Microsoft y la libre competencia José Fernando Merino
Merchán El pasado día 3 de abril el Juez Federal del Distrito de Washington Penfield Jackson ha dictado veredicto culpabilizando a Microsoft de intentar monopolizar el mercado de Internet, cerrándose así la primera batalla judicial contra esa empresa, iniciada el 18 de mayo de 1998 por el Gobierno Federal y 19 Estados de la Unión y a los que se unieron algunas de las más importantes competidoras de Microsoft (Sun Microsystems, Netscape, Intuit e incluso la Asociación de la Industria de la Información norteamericana, entre otras). Sin embargo, queda todavía un largo corrido procesal para saber quién será finalmente el vencedor de este apasionante pleito: un complejo laberinto de recursos esperan ser utilizados hasta llegar al Tribunal Supremo, si en el interim no se alcanza un acuerdo entre todas las partes implicadas. Sin emitir ahora juicio de valor sobre la aportación de Microsoft a la llamada "sociedad de la información", resulta interesante señalar los fundamentos bajos los cuales se ha condenado a esa empresa, que hasta hace unos días era sin género de dudas la más valiosa del mundo, así como las consecuencias que se deducen de ese veredicto de culpabilidad. La demanda contra Microsoft ejercitada por el Departamento de Justicia y los fiscales de 19 Estados de la Unión, pretendía evidenciar que esa empresa había usado ilegalmente su posición monopolística en el mercado de los sistemas operativos con prácticas que tendían a anular la libre competencia en el mercado de los competidores. O, dicho de otro modo, Microsoft habría abusado de su posición dominante en el mercado de los navegantes de Internet, con perjuicio para la competencia por utilizar precios predatorios. Frente a esa acusación, Microsoft ha alegado que su conducta en el mercado ha sido la de trabajar en beneficio de los consumidores, razón por la cual regalaba su propio navegante cuando, por ejemplo Netscape cobraba por el suyo. El Juez finalmente ha resuelto que Microsoft mantenía una posición de monopolio en el mercado de los sistemas operativos. El fundamento legal para llegar a ese fallo se encuentra en la Sherman Antitrust Act de 1890, que constituyó la primera norma promulgada en EEUU con la finalidad expresa de proteger la libre competencia en un mercado amenazado en ese momento por grandes entidades bancarias y otros grandes holdings de bienes y servicios, y que, aunque fruto de la concreta situación económica de esa época el Tribunal Supremo de ese país ha llegado a poner en conexión directa con el mantenimiento de las instituciones democráticas, tal como se proclamó en el caso Northen Pacific Railway vs United States (1956). En concreto, en el caso Microsoft se ha aplicado la Sección 2ª de la Sherman Act que establece que "toda persona que monopolice o intente monopolizar, o que conspire con cualquier otra persona o personas para monopolizar cualquier parte del comercio entre los distintos Estados o con naciones extranjeras será declarado culpable de una felonía ...". El fallo del Juez Penfield Jackson dice probado que Microsoft incumplió esa Sección de la Ley Sherman al esposar a los fabricantes de PCs y proveedores de Internet con contratos que aspiraban a defender el predominio de Windows. Asimismo dice el veredicto que la empresa de Bill Gates violó esa Ley antitrust cuando distribuyó sus nuevas versiones de Windows con el navegador "Explorer" preinstalado, impidiendo a los fabricantes de ordenadores instalar el navegador "Navigator", propiedad de la empresa rival de Microsoft, Netscape; e impidiendo también que los usuarios accediesen al Netscape nada más comprar su nuevo ordenador, lo cual se lograba suscribiendo por parte de Microsoft acuerdos de exclusividad con proveedores de Internet (como America Online) para que obligase a sus clientes a usar el "Explorer". La cuestión estriba en que si una ley de hace 110 años pensada para la defensa de un mercado tradicional de libre circulación de bienes y servicios tiene plena vigencia en un mercado de los navegadores de Internet y sistemas operativos. La jurisprudencia del Tribunal Supremo americano ha venido siendo en este punto inflexible desde los casos Standard Oil (1911), American Tobacco (1911), pasando por el caso United Shoe (1953) hasta llegar a los más recientes -y que han venido a la postre a constituir el precedente inmediato en el veredicto del Juez Penfield Jackson, con un mimetismo no del todo acertado- como fue el caso AT & T y las Baby Bells (1984), y que terminó con el gigante telefónico norteamericano, en el sentido de considerar la Ley Sherman con plena vigencia en todos los mercados y situaciones. Lo cual no quiere decir que esa jurisprudencia vaya a ser aplicada de forma mecánica a Microsoft por el Tribunal Supremo, pues conforme a esa misma doctrina le cabe a Bill Gates demostrar que la posición de dominio de la cual se le acusa es el resultado natural de la superioridad del producto que ofrece y de su mayor eficiencia y habilidad para competir, como se puso de manifiesto en el asunto United States v. Aluminium Co. Of America (Alcoa, 1945). En todo caso, este juicio es, en definitiva, el marco más apropiado para que el Tribunal Supremo americano defina de una vez por todas las reglas de juego en el sector emergente de la informática. De otra parte, no puede perderse de vista, como señalaban algunos analistas de "The Wall Street Journal" la cuestión siguiente: ¿Qué poder tendrá en poco tiempo el monopolio de Microsoft? El rápido ascenso de Internet ya ha restado poder a Microsoft y al ordenador. La compañía de Gates ya no puede dictar las normas que deben utilizar los fabricantes de "software", y gran parte de las inversiones e innovaciones se están produciendo en Internet y no en el mundo que Microsoft controla todavía. En lo atinente a las consecuencias que se derivan del veredicto del Juez Penfield Jackson, son de diversa índole. En primer lugar cabría señalar las que afectan al propio proceso -recursos aparte-, ya que el veredicto del día 3 de abril no ha dictaminado aun sobre las sanciones que pueden ser impuestas a la empresa de Bill Gates. De momento los demandantes han presentado una batería de posibles sanciones que van desde la prohibición de los contratos exclusivos utilizados por Microsoft, a exigir a esta última la separación de todos los componentes de Internet que van incrustados en Windows, retirada del mercado de las versiones actuales y comercializar de nuevo el sistema operativo sin aplicaciones para la red, o a la disgregación de Microsoft en pequeñas compañías, que pasarían a denominarse, como jocosamente advierten algunos competidores de Bill Gates, "Baby Bill" en recuerdo de la "Baby Bells" creadas a partir de la AT & T, y que competirían entre ellas en los diferentes sectores informáticos, hasta llegar a sanciones estrictamente económicas con una vigilancia específica y permanente sobre Microsoft. El Departamento de Justicia de EEUU se ha inclinado por solicitar del Juez que obliga a Microsoft a vender o subastar el sistema operativo Windows para que pase a formar parte del dominio público y nunca más pueda ser empleado privativamente. Ninguna de esas medidas, cualquiera que sea la que se adopte, entrará en vigor por el momento si el equipo jurídico de Microsoft apela la sentencia como ya ha anunciado. Pero si finalmente tras las sucesivas apelaciones Microsoft perdiese el pleito, se abriría una vía de difícil contención para esa empresa o lo que quedase de ella, pues no cabe duda que los consumidores que presumiblemente hayan podido ser dañados y asimismo los proveedores buscarían resarcirse a costa de Bill Gates. De hecho, en estos momentos más de cien demandas han sido ya anunciadas por usuarios y empresas de informática que dicen estar afectadas por las prácticas monopolísticas utilizadas por Microsoft. En todo caso, y esta sería la segunda consecuencia, el fallo del Juez del Penfield Jackon se ha dejado notar en el mercado de valores. El Nasdaq cerró el día de veredicto -aun cuando fue este último retrasado para no perjudicar el normal desenvolvimiento de los mercados-, con una caída de casi el 8 %, perdiendo al día siguiente 74,79 puntos; las acciones de Microsoft han empezado a cotizar a la baja colocándose en los US $ 88,56 con una pérdida cercana a los 80.000 millones de dólares, dada la incertidumbre que planea en estos momentos sobre esa empresa y esto sólo parece el comienzo. La magnitud de los intereses en juego nos hace pensar que al final deberá alcanzarse una transacción entre las partes implicadas en el asunto Microsoft.
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