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FINANCIEROS Algo debe cambiar Confidencial de Economía y Bolsa En la pasada junta general de Duro Felguera tuvo lugar un duro enfrentamiento entre la vieja guardia del hólding asturiano, alineada detrás de su septuagenario presidente Ramón Colao, y los críticos a la gestión del consejo de Administración, en su mayor parte fondos de inversión y sociedades de gestión de carteras con intereses en la compañía. Se da el caso que el Consejo de Administración de Duro Felguera apenas controla un 1% del capital del hólding (alrededor de 170 millones de ptas. en valor efectivo) mientras que sus críticos poseen alrededor de un 25% del capital (algo más de 4.250 millones de ptas. efectivos). Enfrentadas hay dos posturas antagónicas: a nivel de gestión, los críticos abogan por una mejor gestión de la tesorería del grupo (su liquidez supera los 13.000 millones de ptas.) así como evitar posiciones deudoras (a pesar de la liquidez a que hemos hecho referencia anteriormente, el grupo soporta un endeudamiento de más de 7.000 millones); Además, hay que tener en cuenta que, a pesar del exceso neto de liquidez de más de 6.000 millones de ptas., el grupo cerró sus cuentas el pasado año con un cargo neto por intereses de deuda de alrededor de 700 millones de ptas., cifra que supuso en torno a un 50% de su BAI consolidado. Asimismo, el grupo disidente pretende modernizar las maneras un tanto anticuadas del consejo de administración en la forma de "atender" la cotización de las acciones del grupo y aboga por operar con acciones propias con el fin de favorecer tanto la cotización como la liquidez de estas acciones, ganando con ello atractivo de cara al pequeño accionista. En el plano de la política empresarial, mientras el consejo de administración defiende una estrategia industrial como fuente de creación de valor para el accionista, el grupo disidente apuesta por una estrategia más financiera, máxime teniendo en cuenta la triste y reciente experiencia del plan de diversificación llevado a cabo por el holding en la década de los ochenta, cuyo desmantelamiento, aparte de graves disturbios sociales, provocó unas pérdidas de casi 12.000 millones de ptas. y la salida de sus socios de referencia: el grupo bancario BCH y el metalúrgico alemán Metallgesellschaft, que fueron sustituidos (sólo nominalmente) por Hidrocantabrico y Cajastur, cuyos paquetes accionariales no llegan en ningún caso al 2% de su capital (alrededor de 350 millones de ptas. en cada caso). Como decíamos, posturas diametralmente opuestas y fuerzas claramente favorables al grupo disidente que, sin embargo, vio como el consejo de administración le ganaba todas y cada una de las votaciones, al lograr no sólo aprobar sus propuestas sino también rechazar las de los críticos. La razón del desastre hay que buscarla en el apoyo de más del 40% del capital, en su mayoría pequeños ahorradores, que, si bien no acudieron a la junta, sí delegaron sus votos en el consejo para así cobrar la prima de asistencia. Un lamentable espectáculo en el que, como decíamos, merced al apoyo ciego y acéfalo del pequeño accionariado, el longevo consejo de administración de Duro Felguera hizo prevalecer sus tesis, retrasando con ello la puesta al día y la reconversión social y financiera del grupo. Algo debe cambiar en las relaciones entre los pequeños accionistas y los consejos de administración de las empresas y abogamos por la creación de asociaciones de accionistas serias que velen por sus inversiones y sin mediar ningún otro interés que el cobrar una minuta por los servicios prestados.
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