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| TELETRABAJO El futuro como justificación permanente (Rutinas de un periodista que intenta teletrabajar) El autor del artículo prefiere conservar el anonimato. Introducción: Nadie niega ya, y este es un trabajo de pedagogía remoto, que las nuevas tecnologías, por ello lo son, van a ser las utilizadas en el futuro -palabra poco precisa aunque sea próximo o lejano-. La infinidad de especulaciones -unas con mas acierto que otras- sobre como van a influir en nuestra sociedad, nos bombardean con tal insistencia que mientras asustan a unos y los posicionan militantemente en contra, despegan a los otros de la realidad donde viven. Supongo que, como casi todo en la vida, lo mejor es estar en medio. Es decir, una buena manera de posicionarse es mantenerse equidistante de ambos radicalismos y, sin duda, servirse de las nuevas tecnologías en función de la utilidad que le encontremos. Creo que ver esa utilidad en el día a día, y no tanto sus posibilidades futurológicas, será lo que va a romper todos esos tabúes que provoca en los sectores más contrarios a su implantación -que parece ya prácticamente inevitable-. A la vez, también ayudará a cambiar de opinión a aquellos que ya hoy quisieran vivir virtualmente. Estos últimos, que lógicamente defienden su modelo de trabajo, tienden a generalizar -como optimización- una visión reduccionista de su realidad sin tener en cuenta que provocan el efecto contrario a lo que pretenden ya que un discurso más realista repercutiría en una mejor acogida de la inmensa mayoría de la sociedad que no utiliza conscientemente las nuevas tecnologías. En este sentido aquellos pioneros que utilizan el futuro como justificación permanente de sus ideas solo nos serán útiles si esa inteligencia que demuestran está impregnada también de una clara mirada a lo que les rodea. Yo no se en que se va a convertir la red, pero creo estar seguro que no va a suplir nada ni a nadie y quien intente refugiarse en ella perderá el mundo de vista. 1.- La redacción en casa. Un periodista que intenta teletrabajar. El riesgo de ser pionero en alguna cosa es, como ya he dicho, poner tanto empeño y corazón en un objetivo que nos aleje de nuestro entorno y que acaben por no entendernos. En este y en los siguientes puntos voy a referirme exclusivamente al día a día de un periodista de cualquier agencia de comunicación que pretende recibir información, filtrarla y distribuirla a través de la red. No hablaré de enviados especiales o corresponsales, en el caso de los cuales, las prestaciones que ofrecen las nuevas tecnologías están más que justificadas Voy a referirme exclusivamente al periodista de calle sin una redacción, con un portátil y con un teléfono móvil también como fax. Su relación cotidiana con las fuentes de suministro de información dentro y fuera de la red, la relación con su entorno particular y general, y la interrelación con sus semejantes. 2.- Relación con los generadores de información dentro y fuera de la red (falta de prestaciones). 2.1.- Dentro de la red: La democratización de la información, que es la gran aportación de nuevas tecnologías a la sociedad, topa aún con tres contras: su lentitud, el alud de información y, aunque parezca contradictorio, la práctica inutilidad de esta para un periodista. Información no es sinónimo de noticia, y las noticias se encuentra básicamente fuera de la red. Para un periodista teletrabajador la lentitud coarta de pleno el objetivo de su profesión, que no es otro que el de la inmediatez. Actualmente ninguna de las compañías que de telefonía que operan en el Estado da soluciones económicas y mínimamente prácticas para solucionar este problema específico y fundamental de nuestra profesión. Los fallos en las conexiones son todavía frecuentes y las justificaciones de la próxima llegada del cable con un mayor ancho de banda dejará de ser solución allí donde este ancho de convierta en estrecho. 2.2.- Fuera de la red, (fundamental): La inmensa mayoría de la sociedad occidental son usuarios inconscientes de las nuevas tecnologías y, por tanto, practican ciertos niveles de teletrabajo sin saberlo (quien no ha realizado cualquier operación en un cajero automático). La administración, que debería ser pionera y dar ejemplo, no es mas que un reflejo aún de esta sociedad -evidentemente la administración no es mas que una pequeña pero importante representación de nosotros mismos-. 2.2.1.- Con la administración: Los periodistas que teletrabajamos nos encontramos, en la mayoría de los casos, con una muy buena acogida y predisposición a lo que supone no negar el futuro que espera a las nuevas tecnologías, sus numerosas y atractivas posibilidades y su economicidad -prescindiré de diferenciar las obvias particularidades entre lo público y lo privado, aunque constataré una mayor celeridad en ponerlas practica por parte de lo privado-. Pero a la hora de la verdad, en la rutina cotidiana, las buenas intenciones de aquellos que tienen Internet en sus ordenadores -todavía muy pocos- se quedan en nada. Constatar que la información exterior que nos llega a través de la red es muy inferior a la que se distribuye por los canales tradicionales puede llegar a desesperar. Esto implica que el periodista deba realizar un doble esfuerzo: uno de pedagogía y otro de iteración del trabajo de gestión para conseguir la información -porque evidentemente no podemos permitirnos el lujo de perderla-. Hemos de darnos cuenta que lo que pedimos a nuestros interlocutores no es el simple hecho de hacernos llegar una información si no que al hacerlo se adecuen a nuestro sistema de trabajo, que cambien su rutina diaria y evidentemente su mentalidad. Esto para ellos aún supone un esfuerzo innecesario -aunque muchos consideren que a la larga van a tener que adaptarse-. 2.2.2.- Con la sociedad: Si la administración por ley y por posibilidades económicas, puede y debe actualizar sus equipamientos -además sus trabajadores deberían estar mentalmente preparados para asumir estos cambios- y la rutina diaria nos demuestra que el proceso es lento, no podemos pedir un esfuerzo superior a la sociedad. En este sentido nos encontramos con una dificultad mayor a la hora de pedir directamente la información: por una parte no disponer de material y por otra el desconocimiento de la potencialidad de la red. Todavía no la hemos hecho lo suficientemente útil como para que sepan como encontrarnos. 3.- Control de toda la información a través de la red. El objetivo prioritario de cualquier periodista es el de controlar el máximo de información para poder escoger aquello que le interesa. Actualmente si intentamos utilizar exclusivamente los recursos que nos proporciona la red para tal objetivo nos quedamos aislados de buena parte de lo que sucede en mundo exterior, en la misma proporción en que la gente desconoce o carece de los nuevos sistemas de comunicación -o de aquellos que aun teniéndolos no los utiliza-. Paradójicamente, en estos momentos, la máxima preocupación de un periodista que teletrabaja es la cantidad de información que pierde -a parte de la que llega con excesivo retraso por la lentitud de la red-. 3.1.- Dentro de la red: La pérdida de información se produce por el alud de esta en la red. Uno siente que intenta encontrar una aguja en un pajar. Además hay que sumar a este elemento la virtud de la autodisciplina y capacidad personal para saber priorizar -en este sentido hay que destacar la ayuda que en estos casos empiezan a proporcionarnos los buscadores-. La consulta de la prensa dentro de la red -una posibilidad no muy extendida por los rotativos- se hace pesada a causa de la lentitud de la red. Las páginas web que se dedican a hacer resúmenes no entran en profundidad en aquellos aspectos que a un periodista interesan. 3.2.- Fuera de la red: La pérdida de información se produce cuando nuestra fuente está incapacitada técnica o mentalmente para facilitarla a través de la red. Pero también se produce constatando que las nuevas tecnologías no están lo suficientemente evolucionadas como para responder a las prestaciones que les exigimos. La inmediatez de nuestra profesión, que es la baza del periodismo, topa con las estructura convencionales. Es decir, de que nos sirve poder mandar un mensaje desde donde sea si el canal por donde viaja esta saturado. En este sentido todavía necesitamos paracaídas que nos salve de una siempre previsible incomunicación con el mundo real y que podría pasar por la utilización complementaria y combinada de los aún imprescindibles canales tradicionales. 4.- Problemas cotidianos. 4.1.- Con las fuentes institucionales: Aunque mayoritariamente la acogida al cambio que suponen las nuevas tecnologías es inevitablemente de aceptación, el día a día nos marca su evolución. Constato la dificultad que supone aún para la mayoría de las fuentes la utilización de los nuevos canales de interrelación. Hemos de darnos cuenta que a parte del cambio de mentalización que les pedimos -haciéndoles ver que esta es la solución a muchos de sus problemas actuales- les obligamos encubiertamente a adoptar nuestro sistema de trabajo. Por tanto, cuando conseguimos recibir información de nuestras fuentes no es todavía fruto de haber conseguido la plenitud se su concienciación sino de una curiosidad momentánea por lo desconocido, de un favor personal y, casi siempre, de un momento de tiempo libre que han podido dedicarnos. ¿Y que pasa con esas fuentes potenciales de información que no están directamente relacionadas con el mundo de la información -y que pueden ser cualquier individuo de nuestra sociedad?. La respuesta cae por su propio peso y evidentemente deberá recurrir a los canales tradicionales. 4.2.- Con los otros medios de comunicación: Existe todavía dificultad para controlar la información de resto de medios a través de la red. O bien porque no aparecen o porque no la actualizan con la celeridad que necesita nuestra profesión. La importancia que estos dan a la red está aún en fase embrionaria y creo que se irá despertando a medida que la sociedad crea en su utilidad y aparezca, como consecuencia, el factor publicidad. Cabe añadir a todo esto la extrema lentitud que supone la consulta de cualquier pagina de un medio de comunicación -en este caso mayoritariamente prensa-. La sensación de perdida de tiempo es absoluta. Por tanto, aún resulta mucho más ágil consultar la prensa, escuchar la radio y ver la televisión por los canales tradicionales. 4.3.- Con la Sociedad Civil: La relación entre el mundo real y el mundo virtual aún dista mucho de ser complementaria. No es de extrañar si no somos de los que intentan equipararlos a ambos. Creer que algún día uno podría ser una copia del otro seria como intentar suplir aspectos reales con virtuales. Los problemas en la interrelación se establecen por varios motivos complementarios. Primero por el propio desconocimiento de que es y para que sirve Internet, luego por la desconfianza que aún suponen las cosa que no son tangibles -la ausencia de redacción física o del papel escrito etc.- y finalmente por la falta de medios. La combinación de estos elementos produce un rechazo inmediato a cualquier explicación pedagógica. La mayoría de estas fuentes, simplemente, no nos ven, no nos notan y sobretodo no sienten necesidad de nosotros. 4.4.- Entre la redacción virtual: La gran ventaja de comunicarse entre los compañeros es que todos conocemos la tecnología y como utilizarla para comunicarnos. Esto a la vez se convierte en un handicap porque constatamos que las prestaciones no son aún las que requiere nuestra profesión. Comunicarse a través de e-mail, aunque es rápido si la red no lo impide, requiere un esfuerzo de concreción que a menudo provoca la iteración de contramensajes para el absoluto entendimiento. Vuelve la sensación de perdida de tiempo y de deshumanización del trabajo. 5.- El Fax tradicional. Nunca como ahora la necesidad de un fax tradicional había sido tan justificada. La combinación de este con los mensajes electrónicos es básica para tener una opción donde apoyarse y no perder información. Los faxes instalados en la telefonía móvil carecen aún de un sistema de programas ágiles para su obtención. En estos momentos las compañías de telefonía ofrecen pocas garantías técnicas para solucionar con inmediatez los problemas que este servicio les genera -continuos desajustes que provocan en el peor de los casos retrasos de hasta 24 horas en la recepción de un fax-. En nuestra profesión la perdida de un fax puede suponer la no cobertura de una información. 6.- Disponibilidad personal. Se ha hablado mucho de la necesidad de una autodisciplina para poder rentabilizar el teletrabajo -tanto a nivel de producción como de salud física y mental del teletrabajador-. Aunque parte de esta autodisciplina debe ser innata, obligada y aprendida, hay en nuestro alrededor elementos que pueden afectarla no ayudando a su consolidación sino más bien a su mortificación: 6.1.- Marco físico: Muchas de nuestras casas no están acondicionadas para teletrabajar. La falta de un espació físico concreto para tal tarea provoca que tengamos que relacionar diariamente nuestro trabajo con el comer, el dormir o las distintas tareas domésticas de nuestro hogar. La combinación de estos elementos, de tendencia habitual en esta disciplina, puede llegar a ser circense. 6.2.- ¿Esclavitud horaria? Todo el mundo habla de la esclavitud horaria que supone las muchas horas que se pueden llegar a teletrabajar, pero nadie comenta abiertamente la invitación a la dejadez que puede llegar a provocar. 6.3.- Legislación: Solo espero que a los legisladores, que les cuesta tanto entender que las tareas domésticas de las amas de casa son equiparables en dignidad y remuneración a cualquier otro trabajo, no nos hagan esperar tanto a nosotros.
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